Militares y poderosos, únicos beneficiarios del acuerdo de la coalición

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Es difícil prever cuánto puede durar una coalición que no tiene un verdadero plan común. La historia de los gobiernos de coalición en Uruguay demuestra que al principio la participación de los aliados en el gabinete es grande y luego, cae, se debilita la alianza y se abandona al final. Pero, a esto se suma ahora, que no son solo dos partidos sino cinco los que conforman este intento de alianza, entonces el nivel de reparto de cargos se complejiza y la estabilidad se vuelve menor.

Además, la situación empeora al no existir un proyecto político claro que no sea sacar al Frente Amplio del poder y esto se demuestra en la vaguedad del acuerdo firmado por los líderes de la coalición. La suma de estos elementos vuelve a la coalición un elemento poco duradero.

Pero, es cierto que en algunas cosas sí es un poco más concreto el acuerdo firmado por los partidos de la oposición, por ejemplo, menciona directamente en términos de salario a las FF.AA., y también propone la eliminación del IASS; impuesto que grava exclusivamente a las pasividades más altas y que el 80% de jubilados y pensionistas no conocen. Claramente son señales hacia las bases que esperan respaldarse: militares y sectores conservadores y ricos de la sociedad.

Allí queda expresada la única agenda que comparte la derecha; devolver el control económico a los grandes actores privados, retirar al Estado de la política pública y sostener una visión meritocrática de la ubicación en la sociedad.

Por eso, está claro que el próximo 24 de noviembre Uruguay decide entre dos modelos; uno para todos y todas; que ha llevado al país a ser referencia de crecimiento inclusivo en América Latina, y otro para unos pocos; justamente para esos pocos que ya tienen grandes beneficios y que continuarían acumulándolos mientras gobierne la derecha.